conocimiento. De igual modo, si la naturaleza requerida fuera la eternidad o la incorruptibilidad, no poseemos ninguna afirmación universal dentro de nuestra esfera, pues estas cualidades no pueden predicarse de ningún cuerpo situado por debajo de los cielos o por encima del interior de la tierra. * Segundo, a nuestras proposiciones generales sobre cualquier concreto, ya sea afirmativo o negativo, debemos añadir los concretos que parezcan acercarse más a las sustancias no existentes; tales como las llamas más suaves o menos ardientes en lo que respecta al calor, o el oro en lo que concierne a la incorruptibilidad, ya que es lo que más se le aproxima.
Porque todas ellas sirven para mostrar el límite de la existencia y la no existencia, y circunscriben las formas, de modo que no pueden vagar más allá de las condiciones de la materia.
XXXIV. En el duodécimo rango de las instancias de prerrogativa, clasificaremos esas instancias subjuntivas de las que hablamos en el último aforismo, y que también solemos llamar instancias de extremidad o límites; pues no solo son útiles cuando se añaden a proposiciones fijas, sino también por sí mismas y por su propia naturaleza. Indican con suficiente precisión las divisiones reales de la naturaleza, y las medidas de las cosas, y el «hasta dónde» la naturaleza efectúa o permite algo, y su paso de ahí a alguna otra cosa. Tales son el oro en peso, el hierro en dureza, la ballena en el tamaño de los animales, el perro en el olfato, la llama de la pólvora en la rápida expansión, y otras de naturaleza semejante. Ni hemos de pasar por alto los extremos en defecto, así como en abundancia, como el espíritu de vino en peso, la piedra de toque en blandura, los gusanos sobre la piel en el tamaño de los animales, y cosas por el estilo.
XXXV.