Y así como del anciano esperamos un mayor conocimiento de los asuntos humanos y un juicio más maduro que del joven, debido a su experiencia y a la variedad y cantidad de cosas que ha visto, oído y meditado, así tenemos razón para esperar cosas mucho mayores de nuestra propia época (si tan solo conociera su fuerza y quisiera ponerla a prueba y ejercerla) que de la antigüedad, puesto que el mundo ha envejecido y su caudal se ha incrementado y acumulado con un número infinito de experimentos y observaciones.
Debemos también tomar en consideración que muchos objetos de la naturaleza aptos para arrojar luz sobre la filosofía han sido expuestos a nuestra vista, y descubiertos mediante los largos viajes y travesías de los que nuestros tiempos han abundado.
En verdad, sería deshonroso para la humanidad que las regiones del globo material —la tierra, el mar y las estrellas— hubiesen sido tan prodigiosamente desarrolladas e