El error en el texto surgió de la impresión de Bacon de que la tierra era inamovible. Es evidente, dado que la gravitación actúa a una distancia infinita, que no se podría encontrar tal punto; e incluso suponiendo que se descubriera el imposible punto de equilibrio, el cuerpo no podría mantener su posición ni un instante, sino que sería arrastrado, ante el primer movimiento de los cuerpos celestes, en la dirección de la potencia gravitatoria dominante.—Ed.
En el texto se mencionan relojes de aspas (fly clocks), y no relojes de péndulo, los cuales no se conocieron en Inglaterra hasta 1662. Los primeros, aunque de construcción torpe y tosca, ya encarnaban sólidos principios mecánicos. La comparación del efecto de un muelle con el de un peso para producir determinados movimientos en determinados tiempos en altitudes y en minas, ha sido probada recientemente por los profesores Airy y Whewell en la mina de Dalcoath, mediante un péndulo, que no es más que un peso movido por la gravedad, y un volante de cronómetro movido y regulado por un muelle. En su trigésimo séptimo Aforismo, Bacon también habla de la gravedad como una potencia incorpórea, que actúa a distancia y requiere tiempo para su transmisión; una consideración que se le ocurrió más tarde a Laplace en una de sus investigaciones más delicadas.
Bacon, según se desprende claramente de este pasaje, se inclinaba a creer que la luna, al igual que los cometas, no era más que vapor iluminado. La ley newtoniana, sin embargo, no solo ha establecido su solidez, sino también su densidad y su peso. Una prueba suficiente de lo primero la proporcionan la atracción del mar y el movimiento de la luna alrededor de la tierra.—Ed.