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Hinc elementum ignis cum orbe suo introductum est. Bacon vio en el fuego el mero resultado de una cierta combinación de acción, y fue consecuentemente llevado a negar su carácter elemental. Los antiguos físicos atribuyeron una órbita a cada uno de los cuatro elementos, en los cuales resolvieron el universo, y supusieron que sus esferas se envolvían las unas a las otras. La órbita de la tierra estaba en el centro, la del fuego en la circunferencia. Sobre la indagación de Bacon acerca de la naturaleza del calor, y su completo fracaso, véase el comienzo del segundo libro del Novum Organum.—Ed.