con sus mejores ropas parecían apenas afectados por la extraña información que los vendedores de periódicos divulgaban. La gente estaba interesada o, si estaba alarmada, lo estaba únicamente por causa de los residentes locales. En la estación oyó por primera vez que las líneas de Windsor y Chertsey estaban ahora interrumpidas. Los maleteros le dijeron que por la mañana se habían recibido varios telegramas notables desde las estaciones de Byfleet y Chertsey, pero que estos se habían interrumpido abruptamente. Mi hermano pudo obtener muy pocos detalles precisos de ellos.
«Hay combates en curso por la zona de Weybridge» era toda la información de la que disponían.
El servicio de trenes estaba ahora muy desorganizado. Un buen número de personas que habían estado esperando amigos procedentes de lugares de la red del Suroeste se aburrían por la estación. Un anciano de cabellos grises se acercó a mi hermano y despotricó amargamente contra la compañía del Suroeste.
«Hay que sacarles los colores —dijo—».