“¡Vienen!”, gritó una mujer, y al instante todos se volvían y empujaban a los que iban detrás para abrirse paso de nuevo hacia Woking. Debieron de huir tan a ciegas como un rebaño de ovejas.
Donde el camino se estrecha y oscurece entre los altos taludes, la multitud se atascó y se produjo una lucha desesperada. Toda esa multitud no escapó; tres personas al menos, dos mujeres y un niño pequeño, fueron aplastadas y pisoteadas allí, y dejadas a su suerte en medio del terror y la oscuridad.