CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The War of the WorldsPublic
Página 217 de 259
Table of Contents

VII. El hombre de Putney Hill

¡Extraña noche! La más extraña en esto: que tan pronto como amaneció, yo, que había hablado con Dios, salí a gatas de la casa como una rata que abandona su escondite⁠—una criatura apenas mayor, un animal inferior, un ser que, por cualquier capricho pasajero de nuestros amos, podía ser cazado y muerto. Quizá ellos también le rezaban confiadamente a Dios. Sin duda, si no hemos aprendido ninguna otra cosa, esta guerra nos ha enseñado la compasión⁠—compasión por aquellas almas desprovistas de razón que sufren nuestro dominio.

La mañana era luminosa y espléndida, y el cielo oriental brillaba de un tono rosado, entretejido de nubecillas doradas. En el camino que va desde la cima de Putney Hill hasta Wimbledon había una serie de pobres vestigios del torrente de pánico que debió de haber acudido raudo hacia Londres la noche del domingo, después de que comenzaran los combates. * Había un pequeño carro de dos ruedas con el nombre inscrito de Thomas Lobb, Verdulero, New Malden, con una rueda rota y un baúl de hojalata abandonado; * había un sombrero de paja pisoteado en el barro ya endurecido, y en la cima de West Hill una gran cantidad de cristales manchados de sangre alrededor del abrevadero volcado. Mis movimientos eran lentos, mis planes, de lo más imprecisos. Tenía la idea de ir a Leatherhead, aunque sabía que allí era donde menos posibilidades tenía de encontrar a mi esposa. Desde luego, a menos que la muerte los hubiera sorprendido repentinamente, mis primos y ella habrían huido de allí; pero me parecía que podría averiguar o aprender allí adónde había huido la gente de Surrey. Sabía que quería encontrar a mi esposa, que mi corazón suspiraba por ella y por el mundo de los hombres, pero no tenía una idea clara de cómo podría llevarse a cabo tal búsqueda. También era plenamente consciente en ese momento de mi

217