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nydus/The War of the WorldsPublic
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I. Bajo los pies

Bajo los pies

En el primer libro me he apartado tanto de mis propias aventuras para relatar las experiencias de mi hermano, que a lo largo de los dos últimos capítulos el cura y yo hemos estado acechando en la casa deshabitada de Halliford a donde huimos para escapar del Humo Negro. Allí es donde lo retomaré. Nos detuvimos allí toda la noche del domingo y todo el día siguiente —el día del pánico— en una pequeña isla de luz diurna, aislada por el Humo Negro del resto del mundo. No pudimos hacer otra cosa que esperar en una inactividad dolorosa durante esos dos fatigosos días.

Mi mente estaba ocupada por la ansiedad respecto a mi mujer. La imaginaba en Leatherhead, aterrorizada, en peligro, llorándome ya como a un muerto. Deambulaba por las habitaciones y gritaba en voz alta cuando pensaba en cómo estaba aislado de ella, en todo lo que podía sucederle en mi ausencia. Sabía que mi primo era lo suficientemente valiente para cualquier emergencia, pero no era el tipo de hombre capaz de percatarse del peligro con rapidez, de reaccionar con prontitud. Lo que se necesitaba ahora no era valentía, sino circunspección. Mi único consuelo era creer que los marcianos se dirigían hacia Londres y se alejaban de ella. Esas vagas inquietudes mantienen la mente sensible y dolorida. Me volví muy irascible y me agotaron las perpetuas exclamaciones del clérigo; me cansé de ver su egoísta desesperación. Tras alguna reconvención ineficaz, me alejé de él y me quedé en una estancia —evidentemente un aula infantil— que contenía globos terráqueos, bancos y cuadernos de caligrafía. Cuando me siguió hasta allí, fui a un desván en la parte alta de la casa y, para estar a solas con mis dolorosos pesares, me encerré con llave.

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