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nydus/The War of the WorldsPublic
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XII. Lo que vi de la destrucción de Weybridge y Shepperton

Carros, carruajes por todas partes, la más asombrosa miscelánea de medios de transporte y bestias de carga. Los respetables habitantes del lugar, hombres con atuendos de golf y de navegación, esposas elegantemente vestidas, hacían sus maletas, holgazanes de la ribera ayudaban enérgicamente, los niños estaban entusiasmados y, en su mayoría, encantados con esta asombrosa variante de sus experiencias dominicales. En medio de todo aquello, el digno vicario celebraba con mucho valor un oficio matutino, y su campana repiqueteaba por encima del alboroto.

Yo y el artillero, sentados en el escalón de la fuente pública, hicimos una comida bastante aceptable con lo que habíamos traído con nosotros. Patrullas de soldados —aquí ya no húsares, sino granaderos de blanco— advertían a la gente que se marchara ahora o se refugiara en sus sótanos en cuanto comenzara el cañoneo. Al cruzar el puente del ferrocarril vimos que una multitud cada vez mayor se había aglomerado en la estación y sus alrededores, y el concurrido andén estaba repleto de cajas y paquetes. El tráfico ordinario se había suspendido, creo, para permitir el paso de tropas y cañones hacia Chertsey, y desde entonces he sabido que se libró una lucha feroz por conseguir un lugar en los trenes especiales que se habilitaron más tarde.

Permanecimos en Weybridge hasta mediodía, y a esa hora nos encontramos en el lugar, cerca de la esclusa de Shepperton, donde se unen el Wey y el Támesis. Parte del tiempo lo pasamos ayudando a dos ancianas a cargar un carretillo. El Wey tiene una desembocadura triple, y en este punto se pueden alquilar botes, y había un transbordador para cruzar el río. Del lado de Shepperton había una posada con césped, y más allá, la torre de la iglesia de Shepperton⁠ —que ha sido reemplazada por una aguja⁠— se alzaba por encima de los árboles.

Aquí encontramos una multitud de fugitivos, exaltada y ruidosa. La huida aún no se había convertido en pánico, pero ya había mucha más

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