con la cámara que disparaba el Rayo de Calor rígidamente en alto, avanzó tambaleándose a toda velocidad hacia Shepperton. La inteligencia viva, el marciano dentro de la cúpula, había sido aniquilado y esparcido a los cuatro vientos, y el Artilugio no era ya más que un intrincado mecanismo de metal que giraba hacia su destrucción. Avanzaba en línea recta, incapaz de ser guiado. Chocó contra la torre de la iglesia de Shepperton, derribándola como lo habría hecho el impacto de un ariete, se desvió hacia un lado, tropezó y se desplomó con tremenda fuerza en el río, fuera de mi vista.
Una violencia explosiva sacudió el aire, y un surtidor de agua, vapor, lodo y metal hecho añicos se disparó hacia lo alto del cielo. A medida que la cámara del Rayo de Calor tocaba el agua, esta se había convertido inmediatamente en vapor. En otro instante, una enorme ola, semejante a un mascarón de marea fangoso pero casi hirviendo, barrió la curva río arriba. Vi a gente luchando por llegar a la orilla y escuché sus