CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The War of the WorldsPublic
Página 147 de 259
Table of Contents

XVI. El éxodo de Londres

Las figuras salían a raudales más allá de la esquina y se alejaban dando la espalda al grupo en el sendero. Por el margen avanzaban los que iban a pie, amenazados por las ruedas, tropezando en las zanjas, chocando unos con otros.

Los carros y carruajes se apretaban unos contra otros, dejando poco paso a aquellos vehículos más veloces e impacientes que se lanzaban hacia adelante de vez en cuando, en cuanto se presentaba la oportunidad de hacerlo, haciendo que la gente se dispersara contra las vallas y cancelas de las villas.

—¡Adelante! —fue el grito—. ¡Adelante! ¡Ya vienen!

En uno de los carros había un ciego con el uniforme del Ejército de Salvación, que gesticulaba con sus dedos torcidos y vociferaba: «¡Eternidad! ¡Eternidad!».

Su voz era ronca y muy alta, de modo que mi hermano pudo oírlo mucho después de que se hubiera perdido de vista entre el polvo.

Algunas de las personas apiñadas en los carros azotaban estúpidamente a sus caballos y se peleaban con otros cocheros; otras permanecían inmóviles, mirando a la nada con ojos miserables; otras se mordían las manos de sed, o yacían postradas en el fondo de sus carruajes.

Los frenos de los caballos estaban cubiertos de espuma, y sus ojos, inyectados en sangre.

Había taxis, carruajes, carros de tienda, carretas, más de los que se podían contar; un furgón postal, un carro de barrendero con la inscripción «Vestry of St. Pancras», un enorme carro de madera abarrotado de matones.

Un carro de cerveza pasó retumbando con sus dos ruedas del lado izquierdo salpicadas de sangre fresca.

147