Hay cientos de cosas que vi con mis propios ojos que apenas he empezado a ver con claridad estos últimos días. Hay muchos que se tomarán las cosas tal como son: gordos y estúpidos; y a muchos les preocupará una especie de sensación de que todo está mal, y de que deberían estar haciendo algo. Pues bien, siempre que las cosas se ponen de tal modo que mucha gente siente que debería estar haciendo algo, los débiles, y aquellos que se debilitan con un montón de pensamientos complicados, siempre recurren a una especie de religión del no hacer, muy piadosa y superior, y se someten a la persecución y a la voluntad del Señor. Es muy probable que hayas visto lo mismo. Es energía en medio de un vendaval de miedo, y vuelta completamente del revés. Estas jaulas estarán llenas de salmos, himnos y piedad. Y los de un tipo menos simple meterán un poco de... ¿cómo se llama?... erotismo.
Hizo una pausa.
“Es muy probable que estos marcianos tomen a algunos de ellos como mascotas; los adiestren para hacer piruetas —¡quién sabe?—, se encariñen con el niño mascota que creció y al que tuvieron que matar. Y a otros, tal vez, los adiestren para cazarnos a nosotros”.
—No —grité—, ¡eso es imposible! Ningún ser humano...
—¿De qué sirve seguir con tantas mentiras? —dijo el artillero—. ¡Hay hombres que lo harían de buena gana. Qué tontería pretender que no!
Y sucumbí a su convicción.
—Si vienen por mí —dijo—; ¡Señor, si vienen por mí!, y se hundió en una sombría meditación.
Me quedé contemplando estas cosas. No pude encontrar nada que objetar al razonamiento de aquel hombre. En los días anteriores a la invasión nadie habría cuestionado mi superioridad intelectual sobre la