y fue de puerta en puerta advirtiéndonos que huyéramos. Luego llegaron los soldados. Salimos a mirar, y había nubes de humo hacia el sur; nada más que humo, y ni un alma viniendo por ese camino. Después oímos los cañones en Chertsey, y a la gente que venía de Weybridge. Así que he cerrado con llave mi casa y me he venido.
En aquel momento reinaba en las calles la firme sensación de que las autoridades tenían la culpa por su incapacidad para deshacerse de los invasores sin todas estas molestias.
Alrededor de las ocho, un ruido de fuego intenso era claramente audible en todo el sur de Londres.
Mi hermano no lograba oírlo debido al tráfico de las arterias principales, pero al adentrarse por las tranquilas calles secundarias hacia el río, pudo distinguirlo con toda claridad.