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nydus/The War of the WorldsPublic
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VI. El Rayo de Calor en la carretera de Chobham

ocurrió la tragedia, y un buen número de personas, dependientes y demás, atraídas por las historias que habían oído, cruzaban el puente de Horsell y caminaban por el camino entre setos que termina desembocando en el brezal. Podéis imaginar a los jóvenes aseados tras las fatigas de la jornada, haciendo de esta novedad, como harían de cualquier otra, la excusa para pasear juntos y disfrutar de un coqueteo trivial. Podéis figuraros el murmullo de voces a lo largo del camino en la penumbra.⁠ ⁠…

Por supuesto, por entonces muy pocas personas en Woking sabían siquiera que el cilindro se había abierto, aunque el pobre Henderson había enviado a un mensajero en bicicleta a la oficina de correos con un telegrama urgente para un periódico vespertino.

A medida que esta gente salía de dos en dos y de tres en tres al espacio abierto, encontraba pequeños grupos de personas hablando con animación y observando el espejo giratorio sobre las fosas de arena, y los recién llegados no tardarían, sin duda, en contagiarse de la emoción del momento.

A las ocho y media, cuando la Diputación fue destruida, tal vez hubiera una multitud de trescientas personas o más en este lugar, además de quienes habían abandonado el camino para acercarse más a los marcianos.

Había también tres policías, uno de los cuales iba a caballo, haciendo todo lo posible, bajo las instrucciones de Stent, para contener a la gente y disuadirla de que se acercara al cilindro.

Hubo algunos abucheos por parte de aquellas almas más irreflexivas e impulsivas para quienes una multitud siempre es una ocasión para hacer ruido y payasadas.

Stent y Ogilvy, anticipando la posibilidad de algún enfrentamiento, habían telegrafiado desde Horsell a los cuarteles tan pronto como los

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