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nydus/The War of the WorldsPublic
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VI. El trabajo de quince días

El trabajo de quince días

Durante algún tiempo me quedé tambaleándome en el montículo sin importarme mi seguridad.

Dentro de aquella hedionda guarida de la que había salido había pensado con una intensa estrechez de miras únicamente en nuestra seguridad inmediata. No me había dado cuenta de lo que le había estado sucediendo al mundo, no había anticipado esta asombrosa visión de cosas desconocidas.

Esperaba ver Sheen en ruinas⁠—encontré a mi alrededor el paisaje, extraños y macabros, de otro planeta.

Por un momento toqué una emoción que escapa al común de los hombres, pero una que las pobres bestias que dominamos conocen demasiado bien. Me sentí como podría sentirse un conejo que regresa a su madriguera y de repente se encuentra con la obra de una docena de atareados obreros cavando los cimientos de una casa.

Sentí el primer indicio de algo que al poco rato se aclaró por completo en mi mente, algo que me oprimió durante muchos días: una sensación de destronamiento, el convencimiento de que ya no era un amo, sino un animal entre los animales, bajo el talón marciano.

Con nosotros sería como con ellos, acechar y vigilar, correr y esconderse; el miedo y el imperio del hombre habían llegado a su fin.

Pero tan pronto como esta extrañeza se hubo comprendido, pasó, y mi motivo dominante se convirtió en el hambre de mi prolongado y sombrío ayuno.

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