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nydus/The War of the WorldsPublic
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IV. El cilindro se abre

cilindro, del cual ahora asomaban otros tentáculos, y comencé a abrirme paso apartándome del borde del pozo. Vi cómo el asombro daba paso al horror en los rostros de la gente que me rodeaba. Oí exclamaciones inarticuladas por todas partes. Hubo un movimiento general hacia atrás. Vi al comerciante forcejeando aún en el borde del pozo. Me encontré solo y vi a la gente del otro lado del pozo huyendo, Stent entre ellos. Volví a mirar el cilindro y un terror ingobernable se apoderó de mí. Me quedé petrificado y mirando fijamente.

Un gran bulto grisáceo y redondeado, del tamaño, tal vez, de un oso, emergía lenta y penosamente del cilindro. A medida que se hinchaba y captaba la luz, relucía como cuero mojado.

Dos grandes ojos oscuros me miraban fijamente. La masa que los enmarcaba, la cabeza del bicho, era redondeada y tenía, por así decirlo, una cara.

Había una boca bajo los ojos, cuyo borde sin labios temblaba y jadeaba, y goteaba saliva.

La criatura entera se alzaba y palpitaba convulsivamente. Un lánguido apéndice tentacular se aferraba al borde del cilindro, otro se mecía en el aire.

Aquellos que nunca han visto a un marciano vivo apenas pueden imaginar el extraño horror de su aspecto. La peculiar boca en forma de V con su labio superior puntiagudo, la ausencia de arcos superciliares, la falta de barbilla bajo el labio inferior en forma de cuña, el incesante temblor de esa boca, las gorgóneas agrupaciones de tentáculos, la tumultuosa respiración de los pulmones en una atmósfera extraña, la evidente pesadez y penosa lentitud del movimiento debido a la mayor energía gravitacional de la Tierra; por encima de todo, la extraordinaria intensidad de los inmensos ojos eran a la vez vitales, intensos, inhumanos, achacosos y monstruosos. Había algo fungoide en la piel de color marrón

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