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nydus/The War of the WorldsPublic
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II. Lo que vimos desde la casa ruinosa

Lo que vimos desde la casa ruinosa

Después de comer nos arrastramos de nuevo hacia el fregadero, y allí debí de dar una cabezada otra vez, pues cuando al poco rato miré a mi alrededor estaba solo.

La vibración sorda continuaba con una fatigosísima persistencia.

Susurré llamando al vicario varias veces y al fin tanteé el camino hacia la puerta de la cocina.

Aún era de día y lo distinguí al otro lado de la estancia, tendido contra el agujero triangular que daba a los marcianos. Tenía los hombros encogidos, de modo que su cabeza quedaba oculta a mi vista.

Podía oír una serie de ruidos casi como los de un taller de locomotoras; y el lugar se estremecía con aquel sordo y rítmico golpeteo.

A través de la abertura en la pared pude ver la copa de un árbol teñida de oro y el cálido azul de un cielo vespertino y apacible.

Durante un minuto más o menos me quedé observando al clérigo, y luego avancé, agachándome y pisando con muchísimo cuidado entre la loza rota que esparcía el suelo.

Toqué la pierna del cura, y dio un salto tan violento que un montón de yeso se deslizó por fuera y cayó con gran estrépito. Le aferré el brazo, temiendo que pudiera gritar, y durante un buen rato nos encogimos sin movernos.

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