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nydus/The War of the WorldsPublic
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IX. The Fighting Begins

a la gente del pueblo de nuevo bastante tranquila ante la presencia de los militares, y oí por primera vez a Marshall, el estanquero, que su hijo estaba entre los muertos del common. Los soldados habían obligado a la gente de las afueras de Horsell a cerrar con llave y abandonar sus casas.

Volví a comer hacia las dos, muy cansado porque, como ya he dicho, el día era sumamente caluroso y pesado; y para despejarme tomé un baño frío por la tarde.

Sobre las cuatro y media subí a la estación de ferrocarril a comprar un periódico vespertino, pues los matutinos apenas si traían una descripción muy inexacta de la muerte de Stent, Henderson, Ogilvy y los demás. Pero había muy pocas cosas que yo ya no supiera.

Los marcianos no dejaban ver ni un ápice de sí mismos. Parecían atareados en su fosa, y se oía un ruido de martilleo junto con una columna de humo casi ininterrumpida. Aparentemente estaban ocupados preparándose para la lucha.

«Se han vuelto a hacer intentos de comunicación, pero sin éxito», era la fórmula estereotipada de los diarios.

Un zapador me contó que eso lo hacía un hombre en una zanja con una bandera en un asta larga. Los marcianos le prestaron tanta atención a semejantes avances como le prestaríamos nosotros al mugido de una vaca.

Debo confesar que la visión de todo este armamento, de toda esta preparación, me entusiasmó enormemente. Mi imaginación se volvió beligerante y derrotó a los invasores de una docena de formas llamativas; algo de mis sueños escolares de batalla y heroísmo regresó. En aquel momento apenas me parecía una pelea justa. Me parecían muy desvalidos en aquel hoyo suyo.

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