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nydus/The War of the WorldsPublic
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XV. Lo que había sucedido en Surrey

se les permitía, la quietud vespertina, las ambulancias y las tiendas de campaña de los hospitales con los quemados y heridos de Weybridge; luego la sorda resonancia de los disparos que los marcianos hicieron, y el torpe proyectil girando por encima de los árboles y las casas y estrellándose en medio de los campos vecinos.

Uno puede imaginarse también el repentino cambio de atención, los bucles y abombamientos que se extendían con rapidez de aquella negrura que avanzaba a la carrera, elevándose hacia el cielo, convirtiendo la penumbra en una oscuridad palpable, un extraño y horrible antagonista de vapor que avanzaba a grandes zancadas sobre sus víctimas, hombres y caballos cercanos vistos vagamente, corriendo, chillando, cayendo de bruces, gritos de consternación, los cañones abandonados de repente, hombres ahogándose y retorciéndose en el suelo, y el rápido ensanchamiento del cono de humo opaco.

Y luego la noche y la extinción⁠—nada más que una masa silenciosa de vapor impenetrable que ocultaba a sus muertos.

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