Comienza la lucha
Saturday lives in my memory as a day of suspense. It was a day of lassitude too, hot and close, with, I am told, a rapidly fluctuating barometer. I had slept but little, though my wife had succeeded in sleeping, and I rose early. I went into my garden before breakfast and stood listening, but towards the common there was nothing stirring but a lark.
El lechero vino como de costumbre. Oí el estrépito de su carro y fui a la puerta lateral para pedirle las últimas noticias. Me contó que durante la noche los marcianos habían sido rodeados por las tropas y que se esperaban cañones. Entonces —una nota familiar y tranquilizadora— oí un tren que se dirigía hacia Woking.
—No hay que matarlos —dijo el lechero—, si es que eso puede evitarse de algún modo.
Vi a mi vecino arreglando el jardín, charlé con él un rato y luego entré a desayunar.
Era una mañana de lo más corriente. Mi vecino opinaba que las tropas lograrían capturar o destruir a los marcianos durante el día.
—Es una pena que se vuelvan tan inaccesibles —dijo—. Sería curioso saber cómo viven en otro planeta; podríamos aprender un par de cosas.
Se acercó a la valla y extendió un puñado de fresas, pues su afición por la jardinería era tan generosa como entusiasta.