la conciencia de todas las fuerzas enormes, desconocidas y ocultas en dirección a Londres. ¿Habrían preparado trampas? ¿Estarían listas las polvorizas de Hounslow como una trampa mortal? ¿Tendrían los londinenses el valor y el coraje de convertir su gran provincia de casas en un Moscú mayor?
Entonces, tras un tiempo interminable, según nos pareció, mientras agachábamos la cabeza y mirábamos a través del seto, llegó un sonido como la lejana detonación de un cañón. Otro más cerca, y luego otro. Y entonces el marciano que estaba a nuestro lado levantó su tubo en alto y lo disparó, a modo de cañón, con un fuerte estruendo que hizo temblar la tierra. El de hacia Staines le respondió. No hubo destello, ni humo, simplemente aquella detonación cargada.
Me entusiasmó tanto el sonido de aquellos cañonazos de artillería pesada que se sucedían unos a otros, que olvidé por completo mi seguridad personal y mis manos escaldadas