El marciano se tambaleó por la violencia de la explosión y, un instante después, los restos en llamas, impulsados todavía por la inercia de su marcha, lo habían atropellado y arrugado como si fuera de cartón. Mi hermano gritó involuntariamente. Un tumulto de vapor hirviente lo ocultó todo de nuevo.
“¡Dos!”, gritó el capitán.
Todo el mundo gritaba. El vapor entero, de proa a popa, resonaba con vítores frenéticos que eran retomados primero por uno y luego por todos en la apretada multitud de barcos y botes que seadentraba en el mar.
El vapor flotó sobre el agua durante muchos minutos, ocultando al tercer marciano y por completo la costa.
Y todo este tiempo la barca avanzaba remando con constancia mar adentro y alejándose de la lucha; y cuando por fin se disipó la confusión, el banco a la deriva de vapor negro se interpuso, y no se distinguió nada del Thunder Child, ni tampoco pudo verse al tercer marciano.
Pero los acorazados mar adentro estaban ahora muy cerca y se dirigían hacia la orilla pasando junto al vapor.
La pequeña embarcación continuó abriéndose paso hacia mar abierto, y los acorazados se retiraron lentamente hacia la costa, que seguía oculta por un banco veteado de vapor —parte vapor de agua, parte gas negro—, que formaba remolinos y se combinaba de la manera más extraña. La flota de refugiados se dispersaba hacia el noreste; varios botes pesqueros navegaban entre los acorazados y el vapor. Al cabo de un tiempo, y antes de alcanzar el banco de nubes que se desvanecía, los buques de guerra viraron hacia el norte, para luego dar