—Continúa —dije.
—Bien, los que tengan intención de escapar de que los atrapen tienen que prepararse. Yo me estoy preparando. Oigan, no todos estamos hechos para las bestias salvajes; y en eso es en lo que esto tiene que convertirse. Por eso los observé. Tenía mis dudas. Son delgado. No sabía que era usted, ¿ve?, ni exactamente cómo lo habían enterrado. Toda esta gente —la clase de gente que vivía en estas casas, y todos esos malditos oficinistas que solían vivir por allá abajo— no servirían para nada. No tienen espíritu dentro —ni sueños orgullosos ni deseos orgullosos—; y un hombre que no tiene lo uno ni lo otro —¡Señor! ¿Qué es sino miedo y precauciones?
Se largaban pitando a trabajar —he visto a cientos de ellos, con el desayuno en la mano, corriendo como locos y relucientes para coger su tren con abono de temporada, por miedo a que los despidieran si no lo hacían; trabajando en negocios que les daba miedo pararse a entender; largándose de vuelta pitando por miedo a no llegar a tiempo para cenar; quedándose en casa después de cenar por miedo a las calles secundarias, y durmiendo con las esposas con las que se casaron, no porque las quisieran, sino porque tenían un dinerillo que les aseguraría un poco de tranquilidad en su miserable huida por el mundo. Vidas aseguradas y unos ahorrillos invertidos por miedo a los imprevistos. Y los domingos, miedo al más allá. ¡Como si el infierno estuviera hecho para los conejos!
Bueno, los marcianos van a caerles del cielo a estos. Jaulas bien espaciosas, comida de engorde, cría cuidadosa, sin preocupaciones. Después de una semana más o menos correteando por los campos y las tierras con el estómago vacío, vendrán y se dejarán atrapar tan contentos. Al poco tiempo estarán de lo más agradecidos. Se preguntarán qué hacía la gente antes de que hubiera marcianos para cuidar de ellos. Y los holgazanes de los bares, y los leones de plazuela, y los cantantes... puedo imaginármelos. Puedo imaginármelos —dijo, con una especie de sombría satisfacción—. Habrá montones de sentimentalismo y religión sueltos entre ellos.