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nydus/The War of the WorldsPublic
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VIII. Londres muerto

debajo de mí. Al otro lado del pozo, en su borde más alejado, chata, vasta y extraña, yacía la gran máquina voladora con la que habían estado experimentando en nuestra atmósfera, más densa, cuando la descomposición y la muerte los detuvieron. La muerte no había llegado ni un día demasiado pronto. Al oír un graznido sobre mi cabeza, alcé la vista hacia la enorme máquina de guerra que ya no volvería a luchar jamás, hacia los jirones de carne roja y desgarrada que goteaban sobre los asientos volcados en la cima de Primrose Hill.

Me volví y miré cuesta abajo por la ladera de la colina hacia donde, aureolados ahora por aves, se encontraban aquellos otros dos marcianos que había visto la noche anterior, tal como la muerte los había sorprendido.

El uno había muerto, incluso mientras clamaba a sus compañeros; tal vez fue el último en morir, y su voz había continuado perpetuamente hasta que la fuerza de su maquinaria se agotó.

Brillaban ahora, inofensivas torres de trípodes de metal brillante, bajo el resplandor del sol naciente.

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