Parece desprenderse de este y de los dos aforismos precedentes que Bacon incurrió en el error de negar la utilidad del silogismo en la misma parte de la ciencia inductiva en la que es esencialmente requerido. La lógica, al igual que las matemáticas, es un proceso puramente formal y debe, del mismo modo que el andamio al edificio, emplearse para ordenar los hechos en la estructura de una ciencia, y no para formar ninguna porción de sus cimientos ni para suministrar los materiales de los que se ha de componer el sistema. La palabra silogismo, como la mayoría de los demás términos psicológicos, no tiene un significado fijo u original, sino que a veces se emplea, tal como lo hacían los griegos, para denotar el razonamiento general, y en otras ocasiones para señalar el método formal de deducir una inferencia particular a partir de dos o más proposiciones generales. Bacon no confina el término dentro de los límites de una definición expresa, sino que nos deja inferir que lo tomó en este último sentido, debido a su costumbre de asociar el término con las disputas de las escuelas.
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