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nydus/Gullible’s TravelsPublic
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IV. La Poinciana

—No tienes nada para cócteles —dice.

—Ya lo creo que sí —digo yo—. Lo encargué a primera hora de esta tarde.

—¿En dónde? —me preguntó.

—Allá en el bar —le digo.

—¡Ah, la barra normal! —dice—. Esa no cuenta. Tienes que pedir cosas en la barra de servicio para que te las sirvan aquí dentro.

—No tengo tanta sed como pensaba —digo yo.

—Yo tampoco —dice la señora.

Así que fuimos y pedimos la comida, y mientras estábamos esperando, una joven pareja llegó y ocupó las otras dos sillas de nuestra mesa.

No hacían falta un megáfono para anunciar que estaban de luna de miel. Se les leía en toda la cara.

Se estiraban por debajo de la mesa para agarrarse la mano a cada rato, y cuando no hacían eso, se sonreían el uno al otro o se reían de cualquier tontería.

Uno no podía sentirse así de bien y estar pagando diecisiete dólares diarios por habitación y pensión a menos que se acabara de casar o algo así.

Al principio pensé que su compañía sería divertida, pero después de unas cuantas comidas se volvió como la cocina sureña y empezó a minar la salud.

La conversación entre ellos y nosotros era lo que se podría llamar limitada. Tuvo lugar al día siguiente en el almuerzo. El joven esposo creía

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