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nydus/Gullible’s TravelsPublic
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El tratamiento del agua

Por lo que a mí respecta, me apañé para disfrutar de mis baños exactamente igual con esos dos quedándose en casa. Ver a Bessie en bañador estropeaba los efectos estimulantes del nado. Cuando se ponía de pie en el agua, los pececillos debían de pensar que dos personas seguían pescando con caña.

Fue una noche a la hora de cenar, después de que Bessie llevara con nosotros como un mes, cuando se me ocurrió la idea. El obispo estaba allí, y yo los había estado mirando a él y a Bess, y preguntándome qué se habrían visto el uno en el otro. La señora les preguntó si iban a salir a algún lado.

—No —dice Bessie—. Hace demasiado calor y no hay a dónde ir.

“Hay muchos sitios a donde ir”, dice la Esposa. “Para empezar, hay ópera grandiosa allá en Ravinia Park”.

—No daría ni cinco centavos por ver una gran ópera —dice Bess—, a menos que fuera Aida, la que Elmer nos llevó a ver el invierno pasado.

Así siguieron hablando de otra cosa. No sé de qué, porque en cuanto mentó a Ada me quedé turulata.

Supongo que más vale que te cuente un poco sobre esta dichosa ópera, para que veas cómo me ayudó. Un fulano llamado Gus Verdi la escribió, y las escenas transcurren a lo largo del Illinois Central, por Memphis y Cairo. Ada es una negra grandota, con una voz bonita, y es la criada en la familia del alcalde. La hija del alcalde se trinca a un tenor regordete al que no le puedes pronunciar el nombre y al que debieran haberle pasado una cortacésped por la barbilla. Al tenor le gusta más la muchacha de color que la hija del alcalde, y la hija del alcalde intenta por todos los medios que se le ocurren romper eso y quedarse con el tenor para ella sola; ¡pero tururú!

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