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nydus/Gullible’s TravelsPublic
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II. La señora Messenger

—Probablemente —digo—, eso es porque éramos los únicos elegibles que podían salir de noche debido a no tener ningún hijo.

«Los Pearson no han preguntao», dice, «y no tienen ningún crío».

—Bueno —le digo—, ¿cuánto es la cuota?

—No hay cuotas —dice la Señora—. Pero de vez en cuando, en vez de jugar al bridge, todos ponen dos dólares por cabeza y arman una salida al teatro.

Pero el programa habitual consiste en una noche de bridge todos los martes por la noche, en casa de diferentes miembros, haciendo de anfitriones una persona distinta cada semana. Y cada pareja aporta dos dólares, lo que suma diez dólares para el premio de caballero y diez dólares para el de dama. Y los premios los elige la dama que esa semana sea la anfitriona.

—Esa sí que es una magnífica propuesta para mí —digo—. En primer lugar, no habría ni una sola oportunidad en el mundo de que yo ganara un premio, porque no sé absolutamente nada del juego. Y, en segundo lugar, supongámonos que tuviera muchísima suerte y sí ganara el premio, ¡y resultara ser una taza de plata para el bigote para la cual no tendría más uso que para otra nuez de Adán! Si pagaran en efectivo, la cosa tendría algún sentido.

“Si ganas un premio puedes venderlo, ¿verdad?”, dice la señora.

“Además, los premios no cuentan. Lo que marca la diferencia es codearse con la clase de gente adecuada”.

—Otra cosa —digo—: > «Cuando nos toque a nosotros dar la fiesta, ¿dónde vamos a meterlos a todos? Tendríamos que echar una

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