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nydus/Gullible’s TravelsPublic
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V

rendir sin luchar.

—Tan solo tres días más —dice al fin—. Si no conocemos a alguien que valga la pena en los próximos tres días, iré a donde quieras llevarme.

—Está bien —digo—; tres días más sean. ¿Qué importa una pequeñez de sesenta dólares?

Bueno, en los dos días y medio siguientes se puso a coquetear desesperadamente, pero como todo fue con mujeres, no me puse celoso.

Se fijó en algunas de la créame de la créame de Chicago y probó todos los trucos que se le ocurrieron.

  • Les dijo que tenían la nariz brillante y les ofreció sus polvos.
  • Les pisó los zapatos blancos solo para tener la oportunidad de pedirles perdón.
  • Les dijo que tenían la ropa desabrochada y luego se la desabrochó para poder volvérsela a abrochar.
  • Intentó prestarles sus instrumentos para las uñas.

Cuando veía a alguna abanicándose, le decía:

«Disculpe, señora Fulana de Tal; pero tenemos la habitación más fresca del hotel, y me encantaría que subiera allí a dejar de sudar».

Pero no pescó nada.

Hasta la tarde del tercer día de gracia. Y no sé si debo contarte esto o no, solo que estoy seguro de que no lo irás soltando por ahí.

Habíamos subido a nuestra habitación después de almorzar. Yo estaba rendido y ella estaba desanimada. Nos habíamos quedado sentados por más de una hora, sin decir ni hacer nada.

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