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nydus/Gullible’s TravelsPublic
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III

—Te diré una cosa —digo—; es mucho más mejor que si la hubiera jugado a picas.

Messenger passed again and ditto for my pardner.

“Doblaré la apuesta”, dice la señora Collins, y dejamos las cosas así.

¡Madre mía, santísimo cielo! ¡Tendrías que haber visto a nuestra cordial anfitriona cuando puse mis cartas sobre la mesa! ¡Y haberla oído también! Su cara se puso de los tres colores de la bandera estadounidense. Dio un manotazo en la mesa, con las cartas boca arriba.

“¡No la juego!”, grita. “¡No van a tomarme por tonta! ¡Este pobre imbécil me dijo deliberadamente que tenía paradas las espadas, y miren su mano!”.

—Se equivoca, señora Garrett —le digo—. No dije nada de picas.

—¡Cierra la boca! —dice—. Eso es lo que tendrías que haber hecho toda la noche.

—Bien podría haberlo hecho —digo—, para todo el bien que me hizo tenerla abierta en la cena.

Todo el mundo en la habitación dejó de jugar y estiró el pescuezo. Al final Garrett se levantó de donde estaba sentado y se acercó.

—¿Cuál parece ser el problema? —dice—. Esto no es ningún bar.

—Nadie lo sospecharía jamás —digo—.

—¡Mira lo que ha hecho! —dice la señora Garrett—. Subió mi declaración de sin triunfo sobre tres espadas sin una sola espada en la mano.

—Bueno —dice el señor Garrett—, no sirve de nada alterarse por una partida de cartas. Lo que hay que hacer es levantar la mano, jugarla hasta

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