algo a la perfección por sí misma pero no puede enseñárselo a nadie más”.
«No», dice; «tengo que admitir que no sé tanto como creía. No tuve ningún problema cuando jugaba con la señora Hatch, la señora Pearson y la señora Kramer; pero parece que me he olvidado de todo lo que me enseñaron».
—Es un crimen —digo—, que tengamos que dejar pasar esta oportunidad de entrar con el pie derecho solo porque no sabemos jugar a un juego de cartas tonto. ¿Por qué no le llamas a la señora Messenger y le sugieres que las San Susie se cambien al pedro, al quinientos, al rummy o a algo para lo que no haga falta tener título universitario?
—Está llena de ideítas brillantes —dice la señora—. No hay más que un solo juego al que juega la Sociedad, y ese es el bridge. Esos otros juegos son puras bromas.