y les pregunté si iban a contratar a un escritor de guiones llamado Elmer Bishop.
“Jamás había oído hablar de él”, fue lo que me dijeron.
Así que llamé al Western.
—¿Elmer Bishop? —dicen—. No es ningún guionista. Es lo que llamamos un extra. A veces hace papelitos.
—¿Y cuánto sueldo se levantan esos extras? —pregunté.
—Cinco dólares al día, pero nada cuando no trabajan —fue la emocionantes respuesta.
Mi primera idea fue darle esta droga a la Esposa y a Bess a las dos. ¿Pero de qué habría servido? No se lo habrían creído ni aunque hubieran llamado y se hubieran enterado por sí mismas; y si se lo hubieran creído, Bessie habría dicho que el jornal de un hombre no importaba nada