Pero el tipo que hizo el horario debía de conocer al maquinista a la perfección, porque cuando cruzamos el puente sobre el lago Worth y paramos en la estación de la Poinciana, íbamos diez minutos adelantados.
Había como dos docenas de Ephs con uniforme en el tajo para recibirnos. Y cuando los vi a todos agarrar nuestro equipaje con una mano y poner la otra, con la palma hacia arriba, ya supe por qué le decían Palm Beach.