—El tipo que le puso nombre a este pueblo se equivocó de mayúsculas —digo—. Debería llamarse Puerto Feroz.
Y ella rió con más ganas todavía. Aprovechando la ocasión, le digo:
¿Qué tal el tren de aquí a Jacksonville?
—¡Has ganado! —dice ella—. No podemos llegar a casa demasiado pronto para mi gusto.