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nydus/Gullible’s TravelsPublic
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Three Kings and a Pair

que decir cuando Bessie nos gritó desde mitad del arroyo.

—¿Es el señor Bishop? —chilló ella.

—Soy yo, señorita Gorton —dice Bishop.

—Ya salgo —dice Bess.

—Tranquilo —le digo—. A lo mejor no te resfrías, pero no vale la pena arriesgarse.

Así que luego Bishop y yo criticamos el servicio de tranvías y al presidente Wilson y nos echamos una ojeada mutua.

No era lo que se dice de aspecto feo, pero si salieras publicando que es apuesto, un buen abogado te tendría a su merced.

Sus proporciones, las pocas que tenía, iban todas en vertical. No tenía nada de anchura. Si el cuello de la camisa se le deslizaba por los hombros, podía salir de él dando un paso. Si no le hubieran estado pagando todos esos millones por hacer de cine, habría podido conseguir un trabajo en una rueda de radios de alambre.

No habría habido ninguna diferencia en su fotografía si se la hubieran tomado con rayos X o con una cámara.

Pero tenía pelo y dos ojos y una boca y todo lo demás, y su ropa tenía ciertamente mucha clase. ¿Por qué no iba a tenerla? Podía elegir tela de treinta pavos la yarda y conseguir un traje y un abrigo por quince pavos. Una funda de paraguas le habría servido para hacerse el pijama de todo un año.

Bueno, vi a la señora escabullirse de la cocina a su cuarto para ponerse los zapatos, así que me puse manos a la obra inmediatamente.

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