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nydus/Gullible’s TravelsPublic
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III

Claro que podría habérmelas ingeniado para que lo echaran; pero soy demasiado blando para hacer una jugada así.

Ya sabía yo que no era solo cuestión de tiempo que dijera algo o hiciera algo que terminara por permitirle mirarla a los ojos sin ponerse hasta las manitas.

Cuando eso pasara, a lo mejor todavía creía que ella era la mejor mujercita del mundo, pero habría suficientes dudas al respecto como para guardárselo para sí.

Teniendo en cuenta, sin embargo, lo duro que tenía el coco, probablemente esto no pasaría hasta dentro de un año o más; y para entonces yo estaría peleándome con los guardias y asegurando que era la hermana del Káiser.

Me dije a mí mismo:

“¡Si al menos jugara al póker! ¡Si pudiera enredarlos a él y a ella juntos en una partida de deuces wild!”

Pero relacionarlo con cualquier juego de cartas, incluso el flinch o el juego de los autores, parecía tan ridículo que habría abandonado la idea por completo si él mismo no me hubiera abierto la puerta.

La mañana después de que me había pedido el almuerzo líquido, él dice:

—Me pregunto si podría darme algo de dinero para comer hoy.

—Supongo que sí —digo—. ¿Pero en qué te gastaste el sueldo de la semana?

—Oh —dice—, siempre ponemos la mayor parte en la caja de ahorros, y dejamos justo lo necesario para mis almuendos, el pasaje del tranvía y los gastos menores. Pero ayer no tuve suerte y mi suegro me sacó dólar y medio.

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