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nydus/Gullible’s TravelsPublic
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Three Kings and a Pair

—Y supongo que no importa cómo te veas —digo—, mientras solo me tengas que complacer a mí. Si los amigos de Bishop lo ven con Bessie, dirán: «¡Vaya! Se ha ligado a una de grandes ligas». Pero si me tropiezo con alguno de mis compinches, pensarán que me casé con la muchacha del servicio.

—Debería preocuparle —dice la señora.

—Y además de eso —digo yo—, si logras amarrar a Bishop a un contrato de alquiler a largo plazo, tarde o que temprano tendrá que verte ese vestido puesto, ¿y qué va a pensar entonces?

—Bess puede quedarse con el vestido —dice la Señora—. Haré que me dé uno de los suyos a cambio.

—Con tu habilidad para los negocios —le digo—, deberías ser el mánager de los Rojos de Cincinnati. Pero si se lo das el vestido —le digo—, adviértete que no se lo ponga en Wabash⁠, a menos que el comisario esté en la otra calle.

Bueno, estábamos listos en pocos minutos, porque ya me voy acostumbrando al frac, y todo salió sobre ruedas gracias a mi vacío, y estaba demasiado débil para afeitarme; y la señora no tuvo ningún problema con el modelito de Bessie, que estaba construido como los tranvías de Cottage Grove, se entra por delante.

—No creo que sea tan mala —dice la señora, mirándose al espejo.

—Estarías perfecta —le digo—, si fuéramos a la reunión anual del Gremio de Mujeres.

Yo y Bishop echamos una carrera para subirnos al tranvía. Yo llegué primero y él ganó.

—Acabo de cobrar hoy —dice—, y no tuve tiempo de cambiar dinero.

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