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nydus/Gullible’s TravelsPublic
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III

—¿Haciendo qué? —le pregunté.

—Jugando al rummy —dice él.

—No sabía que jugabas a las cartas —digo yo.

—Tocamos todas las noches —dice.

—¿Siempre rhummy? —le pregunté.

—Oh, no —dice—. De todos los tipos.

—¿Qué tal al póker? —digo yo.

—No; al póker no —dice—. No somos más que cuatro y con eso casi no se arman una buena partida. Pero me gusta más que a cualquiera de ellos. Antes de conocer a Marion, unos muchachos de la pensión donde paraba y yo nos armábamos una partidita de penny ante todas las noches de por medio. Nomás un jueguito amistoso, con los dos comodines.

—¿Su esposa toca? —pregunté.

—Ella sabe cómo —dice—, porque yo le he enseñado el valor de las cartas. Ella lo aprende todo rápido.

—Bueno —digo—, si ustedes dos se decidieran a salir de casa alguna noche, nos encantaría que vinieran a unirse a nuestra partida.

—Tal vez tu juego te queda grande —dice él.

—Desde luego que no —le dije—. Solo fichas de diez centavos, con un límite de veinte centavos.

—No está mal —dice él.

—Ojalá vinieras —digo yo—. Sé por lo que me cuentas de tu mujer que a mi señora le encantaría. Y además, es bueno que una pareja joven salga de

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