que prometer que trabajarán un día del mes siguiente. Si un tipo pierde tres veces en el mismo mes, por lo general siempre se suicida.
Todos los pueblos tienen cinco o seis residencias privadas y siete u ocho edificios de dos apartamentos y una tienda de comestibles y una oficina de correos.
Me contaron que a alguien en uno de esos villorrios, se me olvida cuál, le llegó una carta el día antes de que pasáramos por allí. Estaba mal dirigida, supongo.
El edificio de dos apartamentos está construido en la planta baja, con un porche que separa un piso del otro. Uno es el lado del servicio y el otro es solo un lugar para que el esposo y padre ande holgazaneando para que no lo molesten viendo trabajar a las mujeres.
Fue una bendición para esos muchachos cuando sus estados se declararon secos. ¡Tan solo piensen en lo pesado que debió de haber sido seguir alzando vasos y buscando en sus mamelucos una moneda de diez centavos!
Por la tarde la Señora se fue a nuestro camarote a echarse una siesta y yo me fui tranquilamente a la sala de lectura a echarle un vistazo a unas revistas cómicas.
Entró un tipo gordo y se sentó al lado mío. Lo había oído, en el almuerzo, diciéndole al guarda del coche comedor lo que Wilson tendría que haber hecho, así que no me sorprendió cuando me largó su perorata.
—Viaje pesado —dice—.
No me pareció que valiera la pena discutir con él.
—Debió d' haber un buen de agua por aquí —dice.
—O lo uno —digo yo—, o al carro de regar se le acabaron las calles.