estrangulamientos a cincuenta centavos por las mejores localidades. Así que le tocaba a la gerencia meterle un trancazo al último acto. Les tomó casi cuarenta minutos pensarlo, pero estuvo bueno cuando llegó.
La escena es en la funeraria de Colosimo y los restos de Flora están tendidos sobre el mostrador. Todos los Tanos de su distrito están alrededor cantando himnos religiosos.
Cuando terminan de tocarla, Veto se acerca a la camilla y malgasta un canto bastante aceptable para la difunta Flora. Luego, de repente, se inclina y le da un beso.
Eso es todo para Veto. Verán, el Viejo Zorro Archibald se había imaginado que el pájaro que la amaba haría algo así, y había ideado un modo de averiguar quién era y hacerlo arrepentirse al mismo tiempo, además de inventar algo completamente nuevo en el rubro de los asesinatos. Así que había mezclado un poco de raticida con ajo y se lo había untado en los labios a su hermosa nuera.
Mientras Veto se está muriendo, Fred entra y lo encuentra.
—Conque fuiste tú, ¿eh? —dice él.
—Soy el tipo —dice Veto.
—Bueno —dice Fred—, ¡esto te va a servir de lección, viejo ligón, anda!
“Te voy a hacer puré en un minuto”, dice Veto, pero tal como estaba ahora, no habría podido hacerle puré ni a unos nabos.
—La besé último, de todos modos —dice Veto.
—¡Crees que lo hiciste! —dice Fred, y se sirve un poco de ajo.