—Eso es pura milonga —le dije—. El bife de lomo está a solo cuarenta centavos la libra; y si uno conoce bien el vecindario, puede conseguir una patata por medio dólar. Y te dejan los zapatos a unos 6 dólares el par si compras dos de golpe.
—¿Podría un hombre y su mujer vivir con dieciséis a la semana? —dice.
—¡Vivir! —digo yo—. Podrías revolcarte en el lujo.
—Me alegra oírle decir eso —dice—. El padre y la madre de Marion tenían miedo de que tal vez no estuviera ganando lo suficiente para mantenerla.
—¿Quién es Marion? —le pregunté.
“¡La chica más dulce del mundo!”, dice.
—Pero no tienes que mantenerla solo por esa razón —digo yo.
“Me voy a casar con ella”, dice él.
—¿Qué le pasa? —digo.
—¿Qué quieres decir con que qué le pasa? —preguntó él.
—¿Tiene astigmatismo o algo así? —digo yo.
—No —dice—, ella viene de una de las mejores familias. Jamás he oído una sola palabra en contra de ninguno de ellos.
—¿Cuándo pensabas casarte con Marion? —le digo.
—En abril —dice éles—.
—Pues —digo yo—, a lo mejor para entonces estás ganando dieciséis cincuenta, y ya te habrás metido en el bolsillo la vida resuelta.
Al día siguiente volvió a llamar.