¿Es que nunca te guardas nada?
—No parece que sí —dice ella.
—Tal vez no sepa por qué vale la pena pujar —le digo.
—Quizá le vendría bien tomar algunas clases contigo —dice la señora Garrett.
—No —le digo, bromeando con ella—. No querrás más expertas en el club o a lo mejor tienes que comprar algo de cristal tallado de vez en cuando en vez de ganártelo.
Pues yo canté tres corazones, pero la señora Garrett subió a tres sin triunfo y ya no pude seguir subiendo.
Esta vez salí con mi as de corazones, esperando tal vez cazar su rey; pero no lo conseguí. Y la señora Garrett se llevó todas las demás para un slam pequeño.