Beardsleys; ¡pero tendrían que haber estado en la de los Collins! Primero dieron una cena de bistec a la antigua; y luego, cuando terminamos de jugar, la señora Collins nos preparó welsh rabbits en su hornillo.
—Eso no me tienta —digo—. Tanto me daría intentar comerme una rata almizclera cruda que un conejo a la galesa.
—Bueno, tenemos que entrar —dice Hatch.
—Buenas noches —dice la señora Hatch—, y ojalá viniera con nosotros.
La película que vimos se llamaba The Fly Cop. No malgastes ni diez centavos en ella. ¡No hay ni una sola risa en toda la función!