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nydus/Gullible’s TravelsPublic
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Three Kings and a Pair

—Las invitaciones no traían ninguna cláusula sobre el hombre interior —digo yo—. Es más, si me devolvieran los diez dólares que gasté hoy en pasajes, tendría once dólares en total.

—Bueno —dice la señora—, tal vez el señor Bishop tenga el pálpito.

—Ya lo hará, si tiene buen oído —digo yo.

Bishop se apareció a las seis y media, con un aspecto de lo más mono en su uniforme de camarero.

En cuanto él hubo llegado, a Bess no le costó mucho terminar de arreglarse. Poco faltó para que me cayera de espaldas cuando la vi. ¡Y vaya pedazo de muñeca que estaba hecha, además, con un vestido de noche de cincuenta pavos rebajado a treinta y siete! Lo sé, porque yo había ayudado a elegírselo a la Señora.

—¡Vaya, qué dulce estás! —dice Bishop—. Es un vestido precioso.

—Es mi favoristo —dice Bessie.

—No le toma mucho tiempo a una persona apegarse a un vestido bonito —digo—.

La patrona me pegó un grito para que entrara a ayudarla.

“No necesito ayuda —dice ella—, pero no quería que anduvieras contando secretos”.

—¿Qué te vas a poné? —digo yo.

“Bess tenía uno que me queda pintado”, dice. “Me lo va a prestar”.

—Su segundo nombre es Generosa —digo.

—No seas sarcástica —dice la señora—. Quiero que la nena se vea lo mejor posible esta vez.

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