hacerse el tonto todo el tiempo —dice la señora.
«Para mí no —digo—. Sé que va a ser difícil para ti, pero puedes mascar mucha goma de mascar y así no te importará tanto».
—No lo entiendes —dice ella—. El dummy es el compañero de la pareja que ganó la subasta. Supongamos que uno de los que jugaba contra ti ganó la subasta; entonces el otro sería el dummy y tú tendrías que jugar tus cartas.
—Pero no necesito dejar que se queden con la oferta —digo—. Se la puedo quitar.
«Y si se la quitas», dice ella, «entonces te quedas con la subasta tú, y el tonto es tu compañero, no tú».
Pues los Hatch llegaron de sopetón el lunes por la noche y la señora Hatch comentó lo encantada que estaba de que fuéramos a aprender, y lo bien que lo íbamos a pasar los cuatro jugando juntos. Y la señora y yo fingimos que compartíamos su entusiasmo.