Te lo puedo contar todo lo demás en cosa de un minuto. La señora se había resignado y todo iba viento en popa hasta el martes por la tarde-noche. Daban una nueva película de Chaplin en el Acme y íbamos de camino a verla. A la entrada del edificio donde viven los Messenger vimos al señor y a la señora Hatch.
—¡Hola! —dice la Esposa—. Será mejor que vengas con nosotros al Acme.
“Esta noche no —dice la señora Hatch—. Estamos ocupados todos los martes por la noche”.
—¿Algún club? —preguntó la señora.
—Sí —dice la señora Hatch—. Es un club de bridge, el San Susie. Los Messenger, los Collins, los Garrett, nosotros y otra gente más estamos dentro. Hace dos semanas fuimos a lo de los Collins, y la semana pasada a lo de los Beardsleys; y esta noche los anfitriones son los Messenger.
La señora intentó decir algo, y no pudo.
—He tenido una suerte terrible —dice la señora Hatch—. ¡Me gané el premio en lo de los Collins! Era una jarra de plata, ¡la más bonita que jamás hayas visto!
La señora recuperó la voz.
“¿Tú también cenas?”, preguntó ella.
—¡Ya lo creo que sí! —dice la señora Hatch—. ¡Y qué cosas tan estupendas de comer! Estuvo bien la semana pasada en casa de los