—¿Es que no ves na? —dice ella—. Quiero darle una oportunidad a Bess.
—¿Chance a qué? —le digo.
“La oportunidad de hablar con él”, dice la Esposa.
—¡Oh! —digo yo—. Pensé que querías que se encaprichara con ella.
—¿Qué te parece? —dice ella—.
¿No encajaría perfectamente en la familia?
—Entraría en una flauta —digo—. Es la criatura más esquelética que he visto en mi vida. Me parece un pecado pagar cinco dólares por un asiento para él, cuando él y Bessie podrían sentarse en la misma butaca sin tocarse.
—Es delgado —dice la Señora—. Probablemente lo han estado matando de hambre donde se hospeda.
—Apuesto a que no me dejarían pasar hambre con diez mil al año —digo—. Pero a lo mejor no saben que él está en la mesa o se piensan que es solo uno de los fideos.
—Para ti es muy fácil hacer bromas sobre él —dice ella—, pero si tuvieras su inteligencia estaríamos mejor.
—Si yo tuviera su cerebro —digo—, él saldría disparado como un globo. Si perdiera una onza, la gravedad no le afectaría en absoluto.
—No tienes que ser un musculitos para ser un hombre —dice la señora—. Él es inteligente, es rico, viste con elegancia y no creo que podamos encontrar un partido mejor para Bess.
—«Match» es el término que mejor lo describe —digo yo.