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nydus/The Iron HeelPublic
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CAPÍTULO VII. LA VISIÓN DEL OBISPO

“El obispo se ha desmandado —me escribió Ernest—. Está completamente en las nubes. Esta misión va a empezar a enmendar este mismísimo y desgraciado mundo nuestro. Va a transmitir su mensaje. Me lo ha dicho, y no puedo disuadirlo. Esta noche preside la I.P.H.,51 y plasmará su mensaje en sus palabras de introducción”.

“¿Puedo llevarte a escucharle? Por supuesto, está abocado de antemano a la futilidad. Te romperá el corazón; le romperá el suyo; pero para ti será una excelente lección práctica.

Sabes, amor mío, lo orgulloso que estoy de que me ames. Y debido a eso quiero que conozcas mi valor máximo, quiero redimir, ante tus ojos, una pequeña medida de mi indignidad. Y así es como mi orgullo desea que sepas que mi forma de pensar es correcta y acertada.

Mis puntos de vista son severos; la futilidad de un alma tan noble como la del obispo te mostrará la necesidad imperiosa de semejante severidad. Así que ven esta noche. Por triste que sea el acontecimiento de esta noche, siento que no hará más que acercarte más a mí”.

El I.P.H. celebró su convención esa noche en San Francisco.52 Esta convención había sido convocada para considerar la inmoralidad pública y el remedio para esta. El obispo Morehouse presidía. Estaba muy nervioso mientras se sentía en la plataforma, y pude ver la gran tensión bajo la que se encontraba. A su lado estaban el obispo Dickinson; H. H. Jones, el director del departamento de ética de la Universidad de California; la señora W. W. Hurd, la gran organizadora de beneficencia;

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