“Cinco hombres —dijo—, pueden producir pan para mil. Un hombre puede producir tela de algodón para doscientos cincuenta personas, ropa de lana para trescientas, y botas y zapatos para mil. Uno deduciría de esto que, bajo una gestión competente de la sociedad, el hombre civilizado moderno estaría mucho mejor que el hombre de las cavernas. ¿Pero lo está? Veamos.
En los Estados Unidos de hoy hay quince millones45 de personas que viven en la pobreza; y por pobreza se entiende aquella condición de vida en la cual, debido a la falta de comida y refugio adecuado, no se puede mantener ni el estándar de la eficiencia laboral.
En los Estados Unidos de hoy, a pesar de toda su autodenominada legislación laboral, hay tres millones de niños trabajadores.46 En doce años sus números se han duplicado. Y de paso les preguntaré a ustedes, los administradores de la sociedad, ¿por qué no hicieron públicas las cifras del censo de 1910? Y yo les responderé que tuvieron miedo. Las cifras de la miseria habrían precipitado la revolución que incluso ahora se está gestando.
“Pero volviendo a mi acusación. Si la fuerza productiva del hombre moderno es mil veces mayor que la del hombre de las cavernas, ¿por qué entonces, en los Estados Unidos de hoy, hay quince millones de personas que no están debidamente cobijadas ni bien alimentadas? ¿Por qué entonces, en los Estados Unidos de hoy, hay tres millones de niños trabajadores? Es una acusación verdadera. La clase capitalista ha gestionado mal. Ante el hecho de que el hombre moderno vive de manera más miserable que el hombre de las cavernas, y de que su fuerza productiva es mil veces mayor que la del hombre de las cavernas, no cabe otra conclusión que la de que