Of all its rainbow gleams, The hapless plight of eternal night Shall be none too long for my dreams.
“El hombre que de Edén echaste
fui yo, mi Señor, fui yo,
y estaré allí cuando cielo y tierra
del mar al confín el rayo hendió;
pues es mi mundo, mi hermoso mundo,
el mundo de mi gran deleite,
del fulgor más brillante del mar polar
hasta el crepúsculo de mi noche de amor”.
Ernest siempre trabajaba en exceso. Su maravillosa constitución lo mantenía en pie; pero ni siquiera esa constitución pudo borrar la mirada de cansancio de sus ojos. ¡Sus queridos y cansados ojos! Nunca dormía más de cuatro horas y media por noche; sin embargo, nunca encontraba tiempo para hacer todo el trabajo que quería realizar. Nunca cesaba en sus actividades como propagandista, y siempre tenía conferencias programadas con mucha antelación para organizaciones de trabajadores. Luego estaba la campaña. En ella sola hacía el trabajo completo de un hombre. Con la clausura de las editoriales socialistas, sus escasas regalías cesaron, y las pasó canutas para ganarse la vida; pues tenía que ganarse la vida además de realizar toda su otra labor.